Retornando a la publicidad sexista

Cuando el año encara su recta final, quienes usamos el zapping para buscar anuncios tenemos la cabeza llena de imágenes refrescantes, de musiquillas  animadas (jingle es una palabra un poco fea) y de mensajes optimistas. Todo bueno. ¿O no?

La verdad es que, sin necesidad de hacer análisis sesudos y profundos, hay un hecho que a quienes defendemos la idea de que en marketing no todo vale, nos viene preocupando. Los últimos años habían supuesto un avance (insuficiente, pero avance) en la superación del argumento sexista como herramienta de venta. Pero este retorna con fuerza. En el último año hemos podido ver como un buen número de marcas (a las que no vamos a citar, solo falta que les hagamos aquí de escaparate) han retomado los dos pilares en los que suele basarse la publicidad de este tipo.

El primero de ellos es el que mantiene los dos papeles clásicos lamentablemente no superados, según los cuales el hombre trae el dinero a casa, bebe cerveza, alterna, conduce… y la mujer cuida de la casa y de la prole. En este sentido han habido campañas en todo tipo de soporte que han dado auténtica vergüenza. A este paso, volverán aquellos anuncios en los que una chica decía algo así como: “Yo, que soy una mujer moderna, cuando mi marido vuelve a casa, le tengo la cena preparada con mi nueva cocina X, la mejor amiga que una mujer de hoy puede tener”.

Y el segundo, el que utiliza el cuerpo de la mujer como reclamo de una manera absolutamente desvinculada de lo que se pretende vender, ha tenido igualmente ejemplos lamentables. ¿Realmente hace falta que, en un spot en el que se muestra una secuencia de hombres -vestidos, por supuesto- intercalar una chica bajándose los pantalones? Y esto para anunciar un televisor.

Las razones que se esgrimen para defender este tipo de reclamos todo el mundo las sabe. Pero parecía que, habiéndose tomado conciencia del poder educativo de la publicidad y de su peso en el necesario cambio social, la industria había ido adoptando una postura más igualitaria. La realidad nos muestra otra cara y, pese a los avances, los pasos atrás siguen siendo abundantes y tristes.

Cuando el mercado está flojo, cuando la palabra crisis se repite como excusa para cualquier cosa, parece que ya estamos legitimados/as para casi todo.

Qué pena.

   

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