Visita a la Expo

Este martes hemos visitado la Expo Zaragoza 2008 en la famosa prueba de carga. Acudimos con invitaciones (y transporte) del Club de Marketing (gracias) y con unos útiles planos facilitados por Expocity (gracias también). Pese a que el buen tiempo no acompañó la mañana (por la tarde, al menos, no nos mojamos), disfrutamos de una grata jornada.

Arquitectura digna de verse (y de admirar), contenidos interesantes en los pabellones y personal contratado o voluntario realmente amable. Esperemos que el tiempo no haga mella en su cordialidad. Si es cierto que faltaban cosas, se detectaban errores o que el material de obra se acumulaba en algunos puntos, pero la mayor parte de estas carencias creo que podrán estar más o menos solucionadas para la inauguración. Y lo que falte, si no sabíamos que iba a estar, pues no lo echaremos en falta.

Los pabellones de los países mostraban un acabado desigual. Aquí sí que habrá quien no llegue. Bares abundantes y con precios razonables. Pocos bancos, eso sí, y con el avance del día se hacían necesarios.

El peor recuerdo lo traemos del público que, en su mayoría, pasaba por el interior de los pabellones (y en ocasiones tras hacer cola para verlos) como si lo importante fuera encontrar la salida. Los contenidos expuestos eran ignorados por cuarenta y nueve de cada cincuenta personas (y no exagero). Tan solo se prestaba atención a proyecciones sobre pantallas enormes con un sonido fuerte. Luego, alguna de estas personas opinará que la muestra no es para tanto, que le faltaba sustancia o cosas por el estilo.

En definitiva, una valoración positiva para algo que va mucho más allá de lo que en Zaragoza podíamos imaginar hace pocos años.

   

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